viernes, 24 de enero de 2014

SAN ANTÓN


SAN ANTÓN

 

Las “Lumbres de San Antón”, una festividad que se remonta al siglo XIII

 



Este jueves se celebrará una tradición que se remonta al siglo XIII, las “Lumbres de San Antón” donde la festividad de San Antonio Abad llego a Jaén con los nuevos habitantes que vinieron durante el periodo de la repoblación castellana, influenciados estos por la devoción que se le profesaba al santo en Francia y Centro Europa.

En ellas podemos reconocer los ancestrales ritos paganos de las hogueras que ahuyentaban los malos espíritus del ganado y de los animales domésticos, evitándoles enfermedades y plagas. También adquirió importancia el carácter triunfante sobre la herejía que caracterizaba la identidad de San Antonio, en una tierra cuyas fronteras estaban siendo permanentemente acosadas por los infieles musulmanes.

Según narran las crónicas, los ballesteros de la capital, encargados de la defensa de la misma contra los ataques árabes, ya tenían una capilla dedicada a San Antón en la catedral. En ella homenajeaban a su patrón con cuatro antorchas que permanecían ardiendo en el altar la víspera de su onomástica y durante todo el día siguiente.

En el siglo XV, el regidor de la ciudad y valido de Enrique IV, el Condestable de Castilla Miguel Lucas de Iranzo propició el auge de estas fiestas religiosas, que terminaron consolidándose en el siglo XIX por el impulso de los ganaderos.

Como en otros lugares de Andalucía y de la Europa medieval, era costumbre en muchos lugares quemar los restos de las podas que habían quedado después de finalizar las tareas agrícolas del invierno. En Jaén se hacían fuegos rituales con el “ramón” de olivo y los enseres viejos que habían quedado inservibles para la faena. Los capazos impregnados de aceite eran material ideal para la combustión, lo mismo que la ropa o los muebles viejos.

Las hogueras se encendían al atardecer y en torno a ella se congregaban los vecinos formando corros en los que se bailaba y se entonaban cancioncillas en tono burlesco y no exentas de ciertas picardías eróticas. Son los llamados “melenchones”, sin duda una de las señas de identidad más importantes de la provincia de Jaén.


En lo alto de la hoguera se coloca un muñeco hecho con ropa vieja, relleno de paja y serrín, como si fuera un espantapájaros. En su cabeza, pies y manos se han colocado petardos que estallan cuando llega el fuego hasta ellos. Una vez más y como ocurriera con la leyenda del famoso Lagarto de la Malena, muchos estudiosos del tema han querido ver en este acto una forma de expresar la derrota del Maligno por las fuerzas del bien, representadas en el fuego y la pólvora. No olvidemos que la hoguera era una forma legal de ejecución y que fue utilizada muy especialmente por tribunales eclesiásticos como la Santa Inquisición contra los herejes.



LUMBRE: